Las dos formas de las cosas
Me preocupo mucho a veces, mientras observo las noticias, de que me mientan, me jodan toda la visión del mundo y de la vida, y de que en base a esos medios de comunicación se determina la forma en que vivo partes de mi vida. Me sucede que me siento como una especie de Truman real, una paranoia leve y constante, que me persigue y me atranca por cada rincón, me persigue un miedo vano a la mentira total, a que mi mundo no exista como yo lo perciba, y todo sea un engaño fatal. Que en realidad esté en la Matrix, o sea el actor principal y más realista de una gigantesca novela de las 3 de la tarde, que observa toda la galaxia, y el más realista precisamente porque sea el único que no sabe que es una farsa. Sería el bicho raro más terrible de todo el mundo, el hombre de los restos, el único auténtico en una vida de actuación, un perfecto Jean Valjean, a la mitad de un pozo, el más débil porque sería el que menos sabe, y al mismo tiempo, el único puro, el único valioso. Tengo miedo tanto de que mi paranoia sea real como de que sea falsa, y entonces ya no tener el consuelo de que la vida tenga un sentido, entonces ya no tendría el sentido, y nadie lo conocería. Y aún peor, que tal si descubriese la trama detrás de mi vida? ¿Si de repente el acertijo se resolviese, todas las piezas encajasen y el misterio del caos ya no existiera? ¿Entonces... que?
Por ello, en base a este miedo irracional, ilógico, doloroso y vago, punzada detrás del cerebro y del corazón, mejor ignorarlo y vivir la vida bajo la señal el caos. Dejar que la vida te lleve de lado a lado, a rebotar en un vendaval, un huracán de sensaciones visuales, emocionales, musicales, una ráfaga de luces y caídas, que harán de la vida algo más disfrutable.
Y ustedes disculpen si no me supe explicar bien. Y por el post locochón.
