El barniz del viejo(Relato)
Un relato sobre la corrupción y sus vericuetos, cuando un joven empresario va a visitar a su viejo abuelo, esperando hacer un gran negocio, su abuelo, peor que él, le enseña un par de cosas sobre el robo.
"El dinero es una especie de impulso primario que mueve nuestra sociedad, dándole movimiento, vida y haciendo que personas que no se conocen colaboren entre ellas, sólo por el refulgente brillo opaco de un billete que les ayudará, tal vez, a hacer felices a las personas que realmente aprecian. No es algo bueno ni malo, es el aire apátrida, atemporal, del negocio puro y simple, sin sensaciones mayores a las del logro o la derrota, la posesión material." Eso reflexionaba Cracowsky mientras caminaba a la casa de su anciano abuelo. El abuelo había vivido en una época distinta, donde los negocios en México se hacían debajo de la mesa, sin trastabillar, haciéndose amigo y compadre de los socios, y los bufetes de abogados servían para toda clase de tejemanejes. Ya no, se decía Cracowsky. Espero que ya no. Ahora, en éstos tiempos modernos, en este 2020 tan modernista, muchísima gente trabajaba en la calidez de su casa, frente a uno de esos carísimos monitores optimizados para la vista de cada usuario, ya fuese un administrador, un corredor de bolsa, o un programador, carrera tan en auge ahora. Las facultades de Derecho se iban quedando vacías, porque la política iba perdiendo la supuesta siempre capacidad de exprimir el erario público. Extrañamente, ahora la gente que salía de allí, todos, a excepción de algunos ilusos con ansias de Napoleones o de Salinas, que escogían la dificil profesion publica. Dificil porque como robar, cómo exprimir el erario, como hacer , si para empezar el presupuesto era programado y llevado, en lugar de por una gigantesca burocracia ineficiente, por 5 programadores expertos que tenían un sueldo más que suficiente para cumplir cualquier pequeño capricho o mayor capricho. Incorruptibles. De cualquier manera el SCEP (Sistema de Control del Erario Público ) tenía suficiente inteligencia artificial para no dejarse engañar así de fácil. En fin, ahora había que jugar limpio o no jugar.
El edificio era viejo, de esos edificios del Centro de la Ciudad de México que el INBA defiende a capa y espada para que no sean derribados. Una gran puerta de madera, recién barnizada, con un olor de roble fresco implausible para la vejez de la puerta. La abrió, y subió por la escalera, también de madera, hecha de mármol y concreto, de estilo clásico. Sus pasos resonaban en la quietud del edificio. No entendía porque el viejo seguía teniendo su despacho ahí, siendo que podría buscarse uno más moderno a la mitad del precio , y así evitar los problemas de estacionamiento de los que tanto se quejaba su chofer. Tocó a la puerta del despacho. Una secretaria, de aproximadamente la misma edad que el viejo, le abrió. No había más que una computadora, bastante vieja, ahí. Notó que era una iMac G5 , y que estaba bastante bien cuidada, contando que tendría a lo menos 15 años. Su abuelo salió a recibirlo, con una media sonrisa en el rostro. Siempre tenía esa media sonrisa. De gato, se dijo mientras entraban, saludandose afectuosamente. Ninguno de los dos se profesaba un cariño especial, porque el abuelo siempre había querido que él fuese abogado, en lugar de programador de sistemas. Por otra parte, Federico despreciaba el poco modernismo de su abuelo. Pero ambos eran hombres de negocio, y hombres de familia, así que mantenían las tristes apariencias por el bien de la familia.
El buró del abuelo era viejo, viejo como todo lo de ahí, de caoba, con ese barniz de mueble viejo, ese brillo, esa pulida superficie que huele, emana a experiencias, esa especie de humareda y sensación que sólo los muebles con tiempo e historia tienen. Son como personas, tienen su propio carácter, una mirada asoladora y un espíritu de calma. Esos muebles huelen a bisness.
- Que es lo que necesitas, Federico?
El viejo siempre había sido de la clase de hombre que no pierde el tiempo, pensó Federico. Directo y al grano.
- Mira, abuelo, tengo un proyecto muy interesante a futuro. Está realmente garantizado, preparado para funcionar y proporcionar una excelente cantidad de dinero, progresivamente. He conseguido un par de socios ya, que me ayudarán en la parte técnica, pero para la inversión financiera no me dan mucha confianza nadie de mis conocidos. Nunca se sabe si lo van a grabar a uno...
- Entonces es ilegal...
- Exactamente. Es una manera nueva de engañar al Sistema. Sabemos que la parte humana está consolidada al máximo, son incorrupitbles esos cabrones los programadores, los únicos que tienen acceso al Sistema. entonces la opción es sabotear discretamente el Sistema en sí.
- ¿ No se supone que es infranqueable ?
- Es como un vidrio extremadamente duro, es difícil de romper, pero una vez que enconetras la forma, es facilísimo. Como encontrar el punto para golpear el diamante con el martillo, para que se rompa. Todo está ya perfectamente arreglado. Ninguno de los que colaboran hablará.
- Y quieres que yo invierta el dinero necesario.
- Sí.
- Tú no tienes chingada idea de como carajos se hace los putos negocios de este tipo. Eso es evidente. Vas por ahí, contratando gente que según tú, no hablará, y contándoles todo.¿ Les contaste todo ?
- Pues... sí, mas o menos.
-Coño. Que eres pendejo o que? Así de la nada tú los contactas y les cuentas tus intenciones criminaloides, y te dan su palabra y tu muy pinche campante les crees todo. Sabía que estabas tramando algo, chaval. Yo no soy el Padrino, pero tengo costumbre de mantenerme informado. Como sabes, tengo mis palancas y mis contactos en ciertos lugares, y en ciertos bajos fondos. Finalmente contacté con uno de los tuyos. Y sé todo el asunto. Lo has paneado bien, sólo te has equivocado en esta parte. Y sí, voy a invertirte los 4 millones que necesitas para el equipo y lo demás.
Federico abrió mucho la boca. Y así la dejó. Parecía que había subestimado al anciano ladrón político abogado. Y mucho. Esto también era medianamente bueno. Se sentía avergonzado de sí mismo. El viejo tenía razón. Parecía que la gente de hacía 20 años no era tan bruta, tan Neanderthal, y además el abuelo para haber calculado lo de los cuatro millones tenía que estar por lo menos un poco actualizado en cuanto a precios de servidores, redes, y demases.
-Ahora, ya resuelto éste pequeño e incómodo trámite ( Federico hizo un gesto de desagrado, por la poca importancia dada a su trabajo , que el viejo Cracowsky fingió no notar ) , déjame darte un par de consejos ahora que empiezas a ser un ladrón de corbata, saco y teclado.
Lo dijo con una naturalidad eficiente y completa, sin sobreactuar la media sonrisa que ahora surgía, brotaba de su boca como de lobo viejo.
- Federico, somos la escoria del país, y lo sabemos. Somos fríos, inmorales, hacemos que el país no avanze, todo para un beneficio personal. Somos la codicia, la mierda que se escurre, lo que corroe este país que tanto se ama. Somos los que hacemos que la gente llegue a odiar a su país. Y ese egoísmo nos hace fuertes. Fuertes porque ya no podemos tener escrúpulos de ningún tipo, y estamos solos, solos al odio de una nacion, solos al peligro de ser descubiertos. Sabemos que si nos rajamos nuestros aliados nos joden y todo se va a la chingada, y por eso nunca miramos atrás, y somos capaces de brindar, caer y volvernos a revolcar en nuestra propia miserable egolatría. Ya entendiste el concepto?
- Me temo que no, abuelo.
- Tenemos que ser impermeables, a prueba de balas y videos. Y para ser así sólo tenemos la opción de ser totalmente miserables, tomar nuestra estafeta de ladrones a la perfección. Hubo un tiempo en que en este país había muchísimos ladrones. Pero ahora que sólo quedamos nosotros, debemos aprender de los errores y de los aciertos, en especial de éstos últimos , los aciertos, de aquellos que fueron una escoria tan hábil. Traicionaban, rompían promesas hechas al calor de las copas y del compadrazgo, e incluso mataban. Porque sabían que ya no se podía caer más bajo.
Cracowsky salió del despacho ya noche, después de estar tomando y organizando planes con el viejo hasta tarde. Había entrado sintiéndose perfecto, más ingenioso que el resto , y sobre todo, poderoso. Ahora se sentía la escoria del mundo, una especie de mierda resbalosa , hábil e inteligente. Y estaba seguro que el viejo se sentía igual. Pero el viejo, con los años, había adquirido el mismo barniz que sus muebles, que hacía que no diese a entender lo que sentía. El barniz del arrepentimiento.
