Mecaguenlaleche
Me planté frente al teclado, decidido totalmente a escribir sobre algun vagabundo tema de esos que me gustan, incluso estirando un tantico los dedos, pues hace un poco de frío. El detalle fue que ya no sé que coño quería escribir. Por lo pronto, puedo escribir sobre cualquier tema. Cual será?Podría hablar de Web 2.0, poner cara de gurú de diseño, y hablar sobre algún recóndito tema de CSS44 y la función hoverfloatsubstitute, después de usar palabrejas inconexas e insípidas para hacer como si yo mismo me entendiera. Pero claro, para eso tendría que hacer copypaste de algún sitio que hable de eso, y no me da la gana ponerme a buscar, entre marejadas de Rubyonrails y corrientes azarozas de diseñopautas o cosas así.
Podría hablarles de fútbol, claro. Mañana tengo partido con River, y espero tener un buen partido. Pero a naiden le importa eso. El Atlas juega mañana contra el América. Eso le importa nomás a Pipo, a mí, y a los fans atlistas. Los americanistas son tan lacras que sólo cuando van a ser campeones o superlíderes ahi si salen de su covachita y se ponen de villamelones a la mexica. No offense intended.
¿De que más podría hablar, en esta socia tarde-noche de viernes, en la capital mundial de los taxistas idiotas y y los trozos de barro en forma de solecito? De que a los 15 años la vida es dura, muy dura. Dura porque todas las chavitas del colegio son frescas, lozanas, bonitas, y sonrientes, y no las quiere uno, pero si las quiere, pero no. Cosas de la vida. Para los menores de 15 años que lean esto, pues puedo decirle que sabrán de lo que hablo cuando ya no estén tan verdes. Y para los viejos que ya no se acuerdan, pues les cuento que las hormonas son una bendición cuando uno tiene novia, porque así uno la puede querer y abrazar y besar y todas esas cosas, y una madlición cuando no, porque entonces la almohada amanece muy besuqueada, y uno empieza a alucinar.
Puedo contarles que tengo indecisión al respecto de que carrera elegir. Desde chico siempre estuve totalmente decidido a ser médico, porque siempre he sentido el deseo de ayudar a la gente. Y no es choro mareador. Cuando uno ayuda a la gente , se siente como un placer dopamínico dentro del cerebro, por atolondrado que esté. Pero me da miedo. Bueno, no habrá que ser cobarde. Ya me puse a pensarlo, interrumpiendo la escritura, y creo que lo mejor será seguir mis impulsos naturales.
